Carretera austral 2015, desde Puerto Montt a cerro castillo: Este blog cuenta mi historia, en un primer comienzo solo será de este viaje, sin embargo pretendo expandirlo no solo a la carretera austral, sino que a otras rutas que he realizado, comida que he comido y gente que he conocido.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Adiós Hornopirén, hola Caleta Gonzalo

Luego de haber llegado el día anterior a Hornopirén y haber descansado en la noche, me levanté relativamente temprano al siguiente día, para poder ir a comprar al pueblo algunas cosas para comer que me faltaban, pensando en las comidas de ese día, y la ruta bimodal del día siguiente. En ese momento en el camping, para mi suerte, había unos chicos que hacían trabajos voluntarios en el lugar, una rampa para la entrada de bicicletas era en lo que trabajaban, nos reíamos con Robert debido a que yo era el primero en utilizarla, y que ni las bicicletas que el arrendaba habían pasado por ahí. Esa tarde los chicos terminaban con la tarea del voluntariado, así que Robert y su familia los habían invitado a salir en kayak por los fiordos, yo había estado presente cuando la invitación fue hecha, así que extendieron la invitación a mi persona, yo que no tenía nada que hacer, y que nunca antes había realizado este deporte, solo asentí con la cabeza. Me pasaron un traje de neopreno, un remo doble, un faldón y un kayak… De Rio, yo no sabía antes de esto que existían distintos tipos de kayak, y que dependiendo del propósito es su estabilidad, maniobrabilidad y por lo tanto, posibilidades de volcarse, que era lo que mas me preocupaba en ese momento. El de rio es inestable debido a que su maniobrabilidad es mayor, aclarado lo anterior y luego de una rápida explicación de cómo no darme vuelta, ya me encontraba en el agua remando, primero solo avanzamos sin rumbo, hasta que llegamos a unas boyas y una salmonera, donde habían un par de lobos marinos y un pingüino que se asomaba de vez en vez cerca de nosotros. Estuve a punto de darme vuelta un par de veces, pero por suerte no me paso y logre llegar a la orilla sin mayores inconvenientes. 

Salimos del agua a eso de las 7 de la tarde, donde me cambie ropa y fui a comer algo: Una cerveza y un pie de limón en el café del camping repusieron mis energías. Hice un pequeño paseo por el lugar que poseía un trekking de aproximadamente 1 hora, donde existía un mirador de los fiordos, con una vista increíble hacía el mar. Luego de bajar del mirador ya era de noche y entre todo el movimiento del día, se me había olvidado por completo que la parrilla delantera aún se encontraba averiada y  que sin ella no podría avanzar tranquilamente el siguiente día, y no solo era volver a montarla, sino que había que hacer una pieza de nuevo. Robert me había comentado que él podía ayudarme a hacerla, así que fuimos a buscar unas placas de metal para realizar la pieza. Estuvimos trabajando hasta eso de las 12 de la noche, entre sonidos de taladros y metal cortado nos fuimos contando nuestras vidas, proyectos, la antigüedad del café en el cual trabajábamos, fue un día increíble, mi bicicleta había quedado reparada y había conocido a personas agradables que recordé por el resto de mi viaje, junto con practicar por primera vez kayak.

Despertar en Hornopirén


Al siguiente día me desperté muy temprano, ya que decía hacer la ruta bimodal, que consiste en dos ferry que atraviesan los fiordos desde Hornopirén hasta Caleta Gonzalo, esta última localidad era el objetivo de ese día. La ruta se llama bimodal ya que entre cada ferry existe un pequeño trayecto de 10 kilómetros por tierra, los cuales debía hacer en bicicleta, para posteriormente tomar el segundo ferry. 

Salí a eso de las 8 de la mañana desde el camping, sin antes despedirme de la familia que me había tratado tan bien durante mi estadía. Me demoré aproximadamente 15 minutos en llegar al muelle donde ya el ferry estaba recibiendo a los primeros vehículos.

Panorámica desde la popa del ferry
Antes de abordar debía ir a imprimir mi pasaje, que había comprado con anterioridad, producto de la alta demanda que existe en verano y que muchas veces deja a vehículos, de todo tipo, abajo del barco. En la espera de abordar conocí a un par de chilenos que venían en sentido contrario y habían desembarcado hace muy poco del transbordador, converse con ellos acerca de las condiciones de la ruta hacia el sur, mientras ellos me preguntaban lo mismo pero hacía el norte, ya que este era el último trayecto que realizarían. Mientras conversaba con ellos me percaté de que habían llegado dos personas más en bicicleta, ambos andaban en bicicletas hibridas y rígidas, lo cual me hizo pensar inmediatamente en que eran extranjeros, ya que ese tipo de bicicletas no son comunes en Chile y la mayoría de los chilenos no utiliza bicicletas rígidas para ir a la carretera austral, producto de la calamina que solo se da en el sur y que produce dolor en las articulaciones de las muñecas y los hombros. Nos saludamos y comenzamos a conversar, eran dos catalanes que iban hasta Coyhaique, uno de ellos tenía una cadena de locales de comida y el otro trabajaba en la industria del aceite, ambos realizaban rutas en los inviernos Europeos, y este año habían elegido Chile producto de que era un país en verano, sin embargo no contaban con que, independiente de la época del año, en el sur de Chile puede llover, por lo cual no andaban con mayores cosas de abrigo y la idea de la lluvia los empezó a inquietar. Entramos al barco y nos pusimos alrededor de una mesa, comenzamos a revisar la ruta y los posibles problemas, comencé a conversarles acerca de las bondades del sur de Chile, su gente, las termas, la comida, entre otras cosas. Mientras ellos me comentaban de sus viajes, de lo barato que es comer en Tailandia, de la ruta de Santiago de Compostela, de lo que habían visto en Santiago, así fue como pasamos las siguientes 4 horas en el barco, y otras 4 horas más en Caleta Gonzalo, dentro de un café protegidos de la lluvia incesante que nos había caído encima desde que habíamos pisado tierra firme, en ese lugar.

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